miércoles, 23 de abril de 2014

EL ABUELO



 
 


“¡Señora,  por favor! No me ignore. Señora… le suplico que escuche mi clamor”.

La voz se quebró. Volteé para buscar la fuente de ese lamento. Un hombre estaba agarrado a las rejas de la ventana  que da a la calle. “No vivas en un primer piso”, me advirtieron todos. “Tendrás que aguantar el ejército de mendigos que esperarán a que estés llevándote la cuchara a la boca y te dirán que tienen hambre”. Yo no hice caso. A mí me gusta el primer piso. Al menos así tengo la ilusión de que aún vivo pegada a la tierra, como cuando era niña y las casas con jardín y ventanas al nivel de la calle todavía eran posibles sin tener miedo.

No me importa que me despierten los ruidos de los carros, ni los pitos de los buses que llaman a los niños que están atrasados para ir al colegio, ni la campanita del vendedor de helados, ni el voceo del que arregla licuadoras, ni el que vende naranjas “a mil a mil” .Yo vivo en una casa y punto. Porque el suelo está bajo mis pies y cuando cortan el prado puedo aspirar el  maravilloso olor a verde.

El hombre tendría unos 60 años. No creo que más, porque aunque su cara estaba envejecida, especialmente alrededor de sus ojos, se veía fuerte y su postura era orgullosamente erguida. Raro que una persona al pedir, no pierda su gallardía. Raro no… corrijo… bello. En las manos tenía varios papeles que ondeaba para invitarme a mirarlos. Sus ojos se encontraron con los míos y volvieron a suplicar “no me ignore, por favor, escuche mi clamor”.

Entonces, sin que yo lograra musitar una palabra, habló de su nieta enferma de un mal  con un nombre que yo no había escuchado antes y que ya no recuerdo y de la necesidad apremiante  de comprarle un aparato que le permitiría respirar y seguir con vida.

No me dijo que era pobre. Me dijo que era un abuelo luchando por su sangre, por su descendencia, por esa niña que según los médicos ya debería estar muerta, pero que aún estaba luchando por mantenerse viva. Yo estaba bebiendo mi café vespertino en el momento en que sus manos atravesaron mi ventana, a punto de abrir el libro que acababa de comenzar a leer.  Incluso había apagado mi teléfono, había encendido una vela de incienso, sonaba una suave melodía de guitarras y definitivamente, estaba totalmente dispuesta a regalarme una tarde en soledad. Pero el universo no es obediente. Ignoró  toda mi parafernalia y guió a este hombre hasta mi ventana.

Ojeé las órdenes médicas sin leer nada. Nadie podía garantizarme que eran reales. Me encontré de nuevo con sus ojos mientras me hablaba, escuché sus lágrimas que no se decidían a salir  liberadas y lo único que se me ocurrió fue invitarlo a tomar un café.

Él reaccionó con desconcierto. Sus ojos se endurecieron y yo sentí miedo. Venía a pedir plata y yo le ofrecí un café. Titubeó. Se quedó mudo. Al final me dijo que no y se dio la vuelta. Un instante después se arrepintió y volvió hasta mi ventana. “Si, gracias… perdón señora… es que siempre me echan de todas partes”. Metió sus manos por entre las rejas, como las de un reo pidiendo piedad.  “Así no”. Le dije yo. “Venga, entre y  tómese el café conmigo acá en mi casa”.

Entonces el hombre lloró. A ese abuelo se le desplomó el alma. “Es el 101. Le diré al portero que lo deje pasar. ¿Cómo se llama usted?”.

“Jesús”, me dijo. Y yo pensé… “el universo anda de broma, pero está bien. Yo hoy ando  de muy buen humor”.

martes, 8 de abril de 2014

PARA TI

 

Esto es para ti,
a pesar de que todavía no te conozco
o que quizás
lo he hecho desde siempre.

Un ser humano 
que jamás será capaz de completarme,
porque eres un mundo total,
un universo con todo
dentro de sí mismo.

Quiero decirte que te amo
con ese amor que no necesita nada
porque lo posee todo.
Decirte,
que tengo palabras escritas en mi mente
desde siempre
para ti.
Que tengo caricias dibujadas en mi piel,
dedicadas a ti
y que tengo deseos 
guardados en mi alma,
deseados para ti.

Quiero decirte que te busco,
pero siento que te escondes.
Miro bajo las rocas 
y las raíces de las plantas,
busco entre las ramas de los árboles
y en las notas de la música.
Pero no estás ahí.

Quiero que sepas que no importa
y que a pesar de todo te espero.
Sé que un día llegarás a mí,
sin previo aviso,
portando cualquier cara
o cualquier cuerpo.

Quiero que cuando llegues,
yo sea tu lar, tu remanso.
Ese lugar donde no hay paredes
ni tiempo.

Y ese día, quizás,
cuando al fin te encuentre,
al mismo tiempo te pierda.
Porque no es posible, 
que algo que ame tanto, 
pueda llegar a ser mío.

Este amor
no quiere poseerte.
Sólo quiere saber...
que existes.

DECLARACIÓN DE GUERRA






Le declaro la guerra 
a la tristeza,
a la muerte,
a la soledad,
a la pobreza.

Le declaro la guerra también
a la ignorancia,
a la enfermedad,
al desamor,
a la injusticia.

Es más...
Le declaro la guerra
a la amargura,
a la desesperanza,
al martirio,
a la mentira.

Una guerra sin metrallas,
sin espadas,
sin golpes bajos,
sin emboscadas
ni batallas.

Será una pelea librada 
con el filo de la indiferencia.
Les daré la espalda.
Pensarán que las ignoro
y el olvido las hará creer
que ya no existen.

Entonces...
La tristeza se irá,
cargada con sus congojas y sus lágrimas.
La muerte verá cómo se oxidan
los filos de su lanza.
La soledad de repente
se encontrará acompañada.
La pobreza será rica
y la ignorancia será sabia.

La enfermedad huirá
con sus dolores y sus llagas.
El desamor morirá ahogado
bajo torrentes de ternura.
La injusticia será ajusticiada.
La amargura conocerá la sonrisa.
La desesperanza descubrirá
que siempre hay una luz
y no al final del camino.
El martirio conocerá el placer,
y la mentira...
morirá a manos del Amor.


AMARTE





Amarte es desear tenerte
todo el tiempo a mi lado

Amarte es también odiarte
y desear haberte olvidado.

Amarte es verte dormir
y al mismo tiempo despertarte.

Amarte es poseerte
y extrañarte.

Amarte es un conjunto
de afortunadas contradicciones.

IMPERFECTO


Me gusta que llegue la noche
para acostarme contigo
y juntar tu cansancio del día
con el mío.

Me gusta ser tu mujer sin serlo,
beber tu ser sin poseerlo,
tener tu cabeza sobre mi pecho
 y sentir tus manos explorando mi cuerpo.

Me gusta despertar al lado tuyo,
oír de tí y decirte "buenos días" y un beso,
extrañarte durante un día completo
para esperar ansiosa el reencuentro.

Me gusta verte reír, llorar, gritar.
Saber que eres totalmente imperfecto.
para sentir que estás vivo
y creciendo
MIEL Y LIMÓN

 Momentos únicos. Amor, paz, desazón, plenitud, oscuridad, vida.

 







MIEL Y LIMON. Poesía desde las entrañas


BUENOS DIAS

 

Hoy abrí los ojos
y la lluvia me dio los buenos días con calma
Yo la saludé
con una sonrisa que brotó del fondo de mi alma

Hoy me levanté
de la mano de mi soledad acompañada
Le di un beso
y sentí la vida palpitar de forma extraña